Varig, o Volar en América Latina II

- Buenas tardes, ¿cuál es el problema? – me dice el encargado de los reclamos de equipaje de Varig. 

- Sí, mire, a mi valija le han cambiado el candado. Probablemente rompieron el que yo le había puesto y lo han remplazado con otro – le digo.

- ¿Está seguro que esta es su valija? – me pregunta.

Pienso es escupirle un ojo, pero recuerdo que él no tiene por qué saber que acabo de pasarme casi treinta horas de viaje en un vuelo que normalmente tendría que haber sido de solo cinco.

- ¡Claro que estoy seguro!.

- ¿Me permite su ticket?.

- Acá está.

- ¿Está seguro que esta es su valija?.

¿Será que me están jodiendo y están filmando para uno de esos programas?. Sigue leyendo

Varig, o Volar en América Latina

 

¡Ya consegui los papeles para viajar a Brasil!

¡Ya conseguí los papeles para que podamos viajar a Brasil!

 

Hoy regreso a casa. Por fin. Después de haber estado casi una semana en este país de cuarto mundo, cortesía del maldito trabajo. Pasé casi dos horas en el taxi camino al aeropuerto. El chofer me cobró más de lo que sé que cuesta el viaje. Me estafa porque sabe que soy extranjero. No discuto y me contento con pensar que en unas ocho horas estaré descansando en casa.

Llego al aeropuerto casi tres horas antes de la salida del vuelo. Ya hay más de cien personas en la cola de Varig. Admiro la fila y pienso que es el último pago por haber venido a trabajar a este lugar del mundo.  Aproximadamente una hora y treinta minutos después llego hasta el final de la cola. La muchacha que me atiende sonríe como si se hubiera ganado la loteria mientras me pregunta:

- Buenas noches, señor. ¿Me permite su pasaporte, por favor?.

- Acá tiene.

- Señor Parra, su vuelo a Rio de Janeiro ha sufrido algunas modificaciones menores.

Una onda de pánico patea mi lobulo temporal. ¿Modificaciones?. ¿Menores?. ¿Qué tipo de modificaciones a un vuelo pueden ser menores?. Sigue leyendo

Número Equivocado

Vivo en Rio de Janeiro y quería aprovechar el espacio que me da esta página para mandar a la puta que los parió a la gente de Telemar.

Llegué aquí hace poco más de una semana. Me agradó mucho que la gente de Telemar me instalara el teléfono en tan solo un par de días. Seguramente los comentarios que me hicieron sobre la manera de trabajar de los cariocas eran falsos. ¿Cómo va a ser cierto que la gente de Rio no sabe trabajar si la ciudad es tan maravillosa?.

Para mi sorpresa, cinco minutos después de que me instalaron el teléfono el aparato en cuestión comenzó a sonar. Sigue leyendo

Mi Suegra y mi Noche de Bodas

Siempre pensé que las “señales” enviadas por mi suegra no eran más que la manifestación natural del instinto de protección de una hembra por su cachorro. Sin embargo, en mi noche de bodas, la muy perra sobrepasó cualquier instinto maternal de cualquier especie conocida. Al menos de las encontradas en el planeta Tierra.

La ceremonia ya habia quedado atrás, la fiesta habia terminado.  Mi marido y yo estabamos en la habitación de un lujoso hotel – que una pareja de amigos nos brindó como regalo de bodas. Como se imaginarán, ya estabamos dispuestos – tras varias botellas de vino y champagne – a comenzar nuestra celebración privada cuando sonó el telefono. Atiendo. Sigue leyendo

Obsesiones de un Pipí Chiquito

 

- El otro día dejé el auto en el taller, así que me llevó a mi casa uno de los tipos de ventas.

- ¿Y eso que carajo tiene que ver con el partido que estamos viendo?.

- Idiota, te lo comento porque el tipo es uno de esos pipí chiquito que abundan por ahí.

- ¿De los que parecen un cono de helado por el gimnasio y los esteroides?.

- No, aunque esos seguro también son pinga enana.

- Je, je, je.

- Éste es de los que se les nota que la tienen pequeña porque toda la plata que ganan se la meten al carro. Sigue leyendo

Jefes de Mierda II

No puedo creer el tráfico como estaba hoy. Una hora y media para llegar a la plantación de algodón, mejor conocida como Empresa Multinacional por la mayoría de las personas. Tengo la impresión de que éste va a ser uno de esos días.

Me siento en mi cubículo. Estoy cercado por otros cubículos llenos de collages de fotografías con personas alcoholizadas o niños haciendo la primera comunión, banderas de equipos de fútbol y postales de lugares que alguna vez tuvieron la oportunidad de conocer con el dinero de la compañía.

Enciendo mi PC, mientras le agradezco a Bill Gates por haber hecho posible que los computadores demoren entre cinco y diez minutos, desde el momento en que presiono el botón de encendido, hasta el momento en el que efectivamente puedo usar el Outlook. Este instante me permite dejar el cubículo y acercarme a una de las mayores invenciones del ser humano: la máquina de café. Sigue leyendo

TV por Cable y el Arte de la Atención al Cliente

Es miércoles. Son las nueve de la noche. Ya está por empezar el partido. Menos mal que los suegros se fueron temprano. Abro una cerveza. Está bien fría. Abro una bolsa de Doritos y me siento al sofá. Es el gran clásico. Todo el año esperando este partido. Por fin le vamos a patear el culo a estos mal nacidos.

Tomo el control remoto. Enciendo la tele. Pongo ESPN y comienza el calvario. La imagen está pixelada. El sonido entrecortado. Se ve el viejo estadio en el fondo. No se oye nada. La imagen se queda completamente trabada. Entro en pánico. Siento que mi válvula mitral se niega a comunicar mi ventrículo izquierdo con mi aurícula derecha. Sigue leyendo